Salvar el voluntariado en tiempos de pandemia

El voluntariado internacional se ha vuelto indispensable para todos aquellos que han sufrido las consecuencias de la pandemia, ya sea en un sentido económico, social o sanitario. Sin embargo, la pandemia también ha afectado a muchas organizaciones de caridad, que han experimentado pérdidas notables o se han visto obligadas a modificar su enfoque y a usar nuevas herramientas.

Casa de Rusia ha invitado a miembros de organizaciones de todo tipo de voluntariado para descubrir cómo se han adaptado las organizaciones benéficas a la pandemia y cuales han sido las lecciones más importantes que ha dejado el confinamiento. En el debate “Caridad y voluntariado: los factores del diálogo entre culturas” han participado Clara Arnal, presidente de la fundación “Juntos por la vida”, Olga Rekhyasova, presidente de Aiesec Rusia, Benedetta Falleti di Villafalletto, directora de proyectos en voluntariado y estrategia en Voluntare, Natalia Anguera Ruiz, directora del comité catalán de ACNUR y Maria Melnichenko, directora de Programas de la “Fundación de Arte Ciencia y Deporte”. La moderadora ha sido Anna Silyunas.

La pandemia y, especialmente, el confinamiento han empeorado la situación de muchas personas que ya se encontraban antes en situación de necesidad. Así, por ejemplo, muchos han perdido su trabajo, mientras que gran multitud de niños se han visto obligados a suspender su curso escolar e incluso se han tenido que ponerse a trabajar. Así lo cuenta Clara Arnal sobre Benín, donde la explotación infantil ha aumentado. Además, no sólo ha crecido el número de casos de violencia doméstica, sino que también, muchas personas, especialmente ancianos y personas enfermas, han experimentado un aislamiento sin precedentes.

La pandemia ha traído consigo, por tanto, una crisis económica que ha empeorado la crisis humanitaria que ya se vivía en ciertos lugares desde hace años. En este contexto se vuelven de especial importancia el voluntariado corporativo y las organizaciones de voluntariado internacional.

En ese sentido, Benedetta Falleti di Villafalletto cuenta como el voluntariado corporativo experimentó un crecimiento considerable durante el confinamiento, cuando muchos trabajadores de empresas españolas se volcaron, especialmente en los meses de abril, mayo y junio de 2020, en la participación en proyectos de voluntariado. De hecho, según un estudio, el 72% de las empresas han desarrollado nuevas actividades de voluntariado relacionado con el Covid.

En Rusia, también se han creado multitud de nuevos proyectos, como “Estamos juntos”, que reúne organizaciones grandes y pequeñas con el fin de ayudar a los más necesitados. Sin embargo, para que ello fuese posible, fue necesario que las organizaciones adaptarán gran parte de sus proyectos.

Pero no siempre fue posible adaptar antiguos proyectos, por lo que en algunos casos fue necesario suspenderlos. Este fue el caso de todos aquellos que requerían de un desplazamiento geográfico y que, lamentablemente, no pudieron realizarse por el cierre de fronteras internacionales. Este cierre, además, afectó también a las organizaciones que obtenían alimentos del extranjero y que, de pronto, vieron interrumpido su “stock”. Del mismo modo, también perjudico a los refugiados, que buscaban migrar a otro país cuyas puertas se encontraban súbitamente cerradas.

En ese sentido, cabe destacar que la pandemia no se vivió en todos lados del mismo modo. Natalia Anguera Ruiz explica que en muchos de los lugares donde ACNUR trabaja hay hambruna o conflictos de guerrillas y, en consecuencia, la pandemia se entiende como un mal menor. Esta relatividad en la visión, en cambio, no existe en lo referente a la crisis económica provocada por el cierre de fronteras. Por ello, es necesario que las organizaciones de voluntariado sigan colaborando como puedan, pese a las pérdidas provocadas por la pandemia.

Benedetta Falleti: “Si invertimos todos en el hambre, ¿qué pasaría? […] El mundo, desafortunadamente, no es tan simplista. Si atacamos todos el hambre, provocaremos desequilibrios en temas medioambientales, económicos o sociales. Todos estos problemas son más complejos y están interrelacionados. Hay que contar con una estrategia global y atacar a los distintos objetivos a la vez cada uno”.

Para ello, es indispensable la ayuda de los gobiernos de cada país. En España, por ejemplo, se ofrece en el impuesto de renta la posibilidad de donar a alguna organización benéfica. Con la pandemia, no obstante, el estado se ha visto obligado a destinar parte del presupuesto que recibían estas organizaciones al sector sanitario, por lo que las organizaciones benéficas han perdido fuerza en un momento esencial para ellas.

Natalia Anguera Ruiz: “De alguna manera perdemos esta responsabilidad individual. Cómo puedo yo mejorar lo que está aquí al lado, la causa que me preocupa, sea el bosque que está sucio, sean las tortugas en Costa Rica, o sean las personas refugiadas, o sea lo que sea. Pero que tengamos una causa que nos movilicemos que votemos también alineados a nuestras causas que no lo dejemos todo en manos del gobierno del estado.”

Es por ello que, ahora más que nunca, es importante la concienciación y participación tanto de las empresas como de la ciudadanía. Pasada la época del confinamiento más extremo y tras la apertura de fronteras, vamos viendo como poco a poco se reanudan los programas de solidaridad internacionales. Sin embargo, no hay que olvidar la inquietud social que el confinamiento despertó en muchos de nosotros, porque, aunque nuestra situación pueda volver a la normalidad, la vida de muchas personas ha cambiado considerablemente.

Olga Rekhyasova: “Nadie debe nada a nadie. Pero una vez probar el trabajo del voluntario uno ya no se desconecta. No recibe el dinero, pero recibe otras cosas. Si ve resultado y ve que ha podido cambiar la vida de una persona necesitada esto sí que vale mucho.”


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