Nikolái Lugansky: “Para mí no hay nada más cercano que las obras de Rachmaninov”

Nikolái Lugansky es uno de los pianistas más destacados de la actualidad y ocupa un lugar especial dentro de su generación. Su manera de interpretación está marcada por la profundidad y la fidelidad de lectura de la partitura. Su fenomenal dominio del instrumento le pone exclusivamente al servicio de la idea del compositor, evitando efectos superficiales.

La sinceridad y la capacidad de sumergirse en la obra interpretada son inherentes a sus actuaciones. La famosa frase de Stanislavski ”Ama el arte en ti mismo, y no a ti en el arte” parece que está escrita precisamente para él. Las interpretaciones de Lugansky de la obra de Sergei Rachmaninov son reconocidas como referencia a escala internacional.

Elena Kolesnikova: 

— Háblenos, por favor, de sus comienzos en su carrera como pianista. 


Nikolai Luganski: 

— Mis padres no son músicos: mi madre es química y mi padre físico, y ambos melómanos apasionados. Lo que pasó es que nuestro vecino, un pianista profesional, me audicionó a la edad de 6 años y, al descubrir en mí un oído absoluto, nos aconsejó que me inscribieran en la Escuela Musical Central de Moscú. Era, y sigue siendo, una escuela única: allí trabajaban unos profesores extraordinarios, como Tatiana Kestner, con quien estudié. A los ocho años participé por primera vez en un concierto público; toqué La Fantasía Re menor de Mozart. 

Tuve una infancia “normal”: tocaba el piano unas tres horas diarias y no me faltaba tiempo para la lectura o el fútbol con amigos. 

Durante los últimos años antes de entrar en el Conservatorio estudié con una pianista excepcional, Tatiana Nikolayeva, alumna de Alexandr Goldenwieser — una de las grandes figuras de escuela rusa, autor de numerosos libros sobre metodología de la enseñanza del piano, fundador de la Escuela Central Musical de Moscú. El repertorio de Tatiana Nikolayeva era increíblemente amplio, de J.S.Bach hasta los compositores del siglo XX. Dmitri Shostakovich le consultó durante la creación del ciclo 24 Preludios y Fugas. Ella fue la primera intérprete de la obra, y a ella finalmente se la dedicó. 

Además de ser una concertista extraordinaria, Tatiana Nikolaeva fue una persona muy receptiva y sensible: nunca interpelaba a sus alumnos. Combinaba exigencia con benevolencia. A finales de los años 80, con la apertura de fronteras de la URSS, empezó a hacer muchas giras por Europa y Estados Unidos. En estos viajes mi profesora iba repartiendo a sus agentes discos de un concierto mío del año 1986. 

La primera vez que hice un recital en el extranjero fue a los 14 años, en 1988. Desde 1989 estoy actuando frecuentemente por todo el mundo. 

En el Conservatorio de Moscú continué en la clase de Nikolayeva hasta su inesperado fallecimiento — sufrió un ictus durante una gira por Estados Unidos. A pesar de su edad, tenía 69 años, mi profesora estaba llena de energía, y yo, de ningún modo, esperaba su partida.

Fue entonces cuando Sergei Dorenski, magnífico pianista y uno de los profesores más importantes del Conservatorio, me invitó a su clase. Acepté su propuesta y muy pronto me sugirió participar en el Concurso Tchaikovsky de 1994. Seis meses antes del certamen me rompí la espalda y la pierna y estuve sin tocar todo este tiempo. Pero Dorenski insistió en mi participación, creyendo que sería útil para mi motivación. El caso es que gané el concurso, y me sentí muy inspirado. 

A pesar de que en esta época todo lo que ocurría en Rusia era injustamente subestimado, mi victoria en Tchaikovski en 1994 impulsó notablemente mi carrera internacional.


Elena Kolesnikova: 

— ¿Qué le atrae de la música española?


Nikolai Luganski: 

— Interpreto bastante música española, pero me gustaría tocarla aún más. A veces, cuando propongo para un futuro concierto algo de Albéniz o Granados, los organizadores comentan que “tal vez sería mejor algo de Chopin o Rachmaninov”. 

Creo que la música española actualmente está infravalorada; es relativamente joven, como la música rusa, por ejemplo. En mi opinión, hay unos cuantos compositores que cambiaron rotundamente la visión hacia el piano. Son Chopin, Liszt, Rachmaninov... y Albeniz se encuentra entre ellos.

Elena Kolesnikova: 

— ¿Cuáles son sus próximos planes en España?


Nikolai Luganski: 

— En junio tengo una gira por el País Vasco: están previstos conciertos en San Sebastián, Bilbao, Pamplona  y Vitoria. 

Como en el caso de otros músicos, cancelaron o aplazaron muchos de mis conciertos en la temporada pasada, entre ellos mi recital en Barcelona. Creo que la vuelta de la música clásica a los escenarios tiene que disponer de un programa estatal en todos los países. Tal vez hace falta un potente lobby para proteger el sector. Estoy a favor de todos los formatos de música online, pero este tipo de producciones nunca sustituirán a la interpretación en directo.

Elena Kolesnikova: 

— El año 2023 ha sido proclamado el año de Rachmaninov en Rusia con motivo de su 150 aniversario. Su legado ocupa un lugar privilegiado en su repertorio. ¿Cómo va a participar en la celebración? ¿Cuál es la causa de una actitud algo condescendiente hacia la obra de este gran compositor ruso en Occidente?


Nikolai Luganski: 

— Rachmaninov es uno de los 7 u 8 compositores más importantes de toda la historia de la música. Pero, como en el caso de Liszt, para algunos críticos musicales fue ante todo un pianista genial, un virtuoso. 

Su música provoca un fuerte impacto al público, fluye espontáneamente. A los críticos les pareció una música “insuficientemente moderna”, “demasiado entendible”. En Alemania, de un cierto modo, su lugar lo ocupó Richard Strauss. Su reconocimiento llegó en Alemania y en los países nórdicos aproximadamente hace medio siglo.

Para mí no hay nada más cercano y más cómodo técnicamente que las obras de Rachmaninov. Es difícil escribir mejor para el piano; tal vez solo a Chopin se le puede comparar en este aspecto. Es un compositor muy ruso; desde las primeras obras que toqué a los 11 años siento un gran amor por su música. Actualmente mi repertorio engloba todo el legado del compositor. Hace dos años salió mi disco con sus 24 preludios.

En el año conmemorativo continuaré con mi colaboración con la Casa-Museo del compositor en Ivanovka. Espero que en los próximos años se cumpla mi sueño de la construcción de una sala de conciertos en la finca, que podría completar el complejo del museo: exposición y escenario al aire libre.


Elena Kolesnikova: 

— ¿Cómo se puede inducir a los jóvenes el amor por la música clásica? Si bien antes, en tiempos de su adolescencia, la alternativa a la música clásica era un buen rock, Pink Floyd, Led Zeppelin, ahora parece algo más que primitivo. ¿No le asusta eso?


Nikolai Luganski: 

— Lo que escucho de los móviles de mis hijos a veces me provoca una sonrisa… a veces preocupación. Pero creo que no tenemos que presionar a los jóvenes. Siempre ha existido el problema generacional, y especialmente, me parece, en Rusia. Si mis padres hubieran conocido la fascinación de mis compañeros por AC/DC, por ejemplo, se hubieran aterrizado. 

Por otro lado, no estoy absolutamente de acuerdo con el elitismo de la música clásica, con la necesidad de una preparación especial. No es así. La música transmite algo inalcanzable como por ejemplo para la literatura; pero su lenguaje es universal. 

Probablemente, hay que empezar con lo más sencillo: llevar al joven a un concierto con un programa acertado. Algún preámbulo verbal podría ayudar, cosa que hacía de una manera brillante Iván Sollertinski, un célebre crítico y divulgador ruso.


Elena Kolesnikova: 

— Aparte de una agenda artística muy ajustada, ejerce de profesor en el Conservatorio de Moscú. ¿Cómo suele descansar?


Nikolai Luganski: 

— Desde los 14 o 15 años empecé a sentir pasión por la música sinfónica. Creo que pasaba más tiempo escuchando discos de grandes directores que tocando el piano. De todas mis giras me llevaba muchísimas grabaciones. Para mí Bruckner, Sibelius, R. Strauss, Wagner y Nilsen son los compositores más cercanos. 

Pero no creo que mi descanso sea muy distinto a lo de otra gente. Me encanta estar en el campo, en la naturaleza: sauna, baños en el río, paseos en el bosque… Leo mucho mientras estoy de giras. 


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