La centralidad de la educación en la diplomacia cultural

La diplomacia cultural juega un papel fundamental en las relaciones entre países. ¿Cómo hacen uso de ella España y Rusia?

El arte no conoce fronteras, por ello constituye una herramienta ideal para conectar países y aliviar tensiones en un mundo globalizado como el nuestro. El término “diplomacia cultural” surgió durante la guerra fría para referirse a la ciencia que se encarga de usar la cultura para representar un estado y ponerlo en relación con otros estados. ¿Cómo ha cambiado el sentido de este término hoy en día? ¿Cómo podemos atraer a las nuevas generaciones mediante la diplomacia cultural y formar conexiones entre países?

El debate online “Poder inadvertido del Estado: diplomacia cultural en la educación”, organizado por Casa de Rusia el pasado martes, resuelve algunas de estas dudas. Con la participación de la Universidad Estatal de San Petersburgo, el debate forma parte del ciclo de conferencias internacionales “Rusia y España: interacción de dos grandes culturas en el siglo XXI”. Fue moderado por Anna Silyunas y contó con la participación de siete ponentes: Dmitry Polikanov, Philippe Robertet Montesinos, Sergey Andryushin, Enrique Quero Gervilla, David Casas Ramos, Andrey Fedorov y Juan Jesus Pleguezuelos.

La diplomacia cultural tradicional hacía uso de la cultura como una fuerza blanda para conseguir lo que el mundo anglosajón llama “showcasing”, es decir, una proyección determinada de la imagen que se quiere mostrar de un país. Sin embargo, en la actualidad, este término está siendo sustituido, especialmente dentro de la Unión Europea, por el de “relaciones culturales internacionales”, cuyo objetivo es el diálogo, el aprendizaje y el intercambio de conocimientos entre países para mejorar la confianza entre ellos. Es en esta dirección hacia donde la diplomacia cultural debe avanzar.

Para que esto funcione, la diplomacia cultural debe enfocarse de abajo a arriba y por ello debe centrar parte de su atención en la educación. Los jóvenes constituyen un factor importante en la transmisión cultural entre países, se convierten en mediadores culturales cuando vuelven a su país tras estudiar fuera, trayendo consigo un importante capital cultural adquirido. Pero no solo es necesario trabajar en atraer estudiantes de otras culturas hacia la propia, sino que también hay que adaptar la educación cultural al medio digital, en el que se mueve la juventud actualmente.

Los jóvenes se convierten en mediadores culturales cuando vuelven a su país tras estudiar fuera, trayendo consigo un importante capital cultural adquirido.

En ese sentido, puede ser útil estudiar la cultura pop y el papel que juega en la transmisión de valores culturales, por ejemplo, mediante música o series de televisión. Este es el caso del K-pop o el manga, muy populares entre la juventud, o Rosalía y Little Big, iconos internacionales de España y Rusia respectivamente. No se trataría tanto de intentar producir un producto cultural similar desde el estado, sino de promocionar los ya existentes, apoyando así la creación y la diversidad cultural, sin olvidar el papel esencial del marketing para que esto funcione.

Este no es un camino fácil ni inmediato, pero, pese a ello, acaba dando sus frutos. En resumen, hay que trabajar para adaptar la educación a los formatos digitales y lograr que la cultura sea atractiva para los jóvenes. Además, el estado debe apoyar el arte y ofrecer los medios para que pueda desarrollarse libre y abiertamente. No se trata, pues, de imponer la cultura, sino de adaptarla a la actualidad, transformando el legado histórico y cultural de manera que sea interesante y entendible para el nuevo público.

Se trata de transformar el legado histórico y cultural de manera que sea interesante y entendible para el nuevo público.

El próximo debate será el 25 de marzo de 17h a 18.30h bajo el nombre “Turismo cultural e intercambios juveniles en la era de la pandemia” y se podrá ver en la web.

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