El arte como espejo de los procesos de globalización

A menudo el arte contemporáneo provoca malentendidos, y a veces perplejidad e indignación. En el siglo XX ha ido más allá del marco de una civilización específica y se utiliza cada vez más como herramienta para llamar la atención sobre un problema actual en cualquier parte del mundo, entrelazando con objetivos políticos, sociales y comerciales. Entonces, ¿cómo podemos definir qué es el verdadero arte? ¿Cuáles son los desafíos del artista moderno? ¿Cualquier provocación puede ser arte? ¿Y hay límites a la permisibilidad en el arte contemporáneo?

El 30 de junio en el debate online «El arte como espejo de globalización» sobre estos temas hablaron los siguientes ponentes: el director de la Galería Senda y comisario del festival LOOP de Barcelona, Carlos Duran; el director del Museo Garage, Anton Belov; el dramaturgo Valery Pecheykin y el artista e ilustrador español Chamo San. La directora general de la Fundación «Casa de Rusia en Barcelona», Anna Silyunas, actuó como moderadora.

El arte es un instrumento de cultura, ysiempre ha contado con un cliente: en un principio fue una iglesia, y con eladvenimiento de los imperios surgió el monopolio del arte estatal. Ahora lo sondiversas organizaciones políticas, sociales y comerciales. 

¿Cómo influye la sociedad en el artista?  Los artistas continúan abordando temas de actualidad y problemas agudos dela sociedad moderna.Pero con la digitalización llegó tambiénla democratización fuerte del arte —los críticospasaron a un segundo plano en la evaluación de las obras de arte y dieron paso a un público amplio—. Entonces, al artista le ha surgido un dilema: ¿qué es lo más interesante para laaudiencia y qué es interesante para él mismo? ¿Cómo reaccionarán ante su trabajoen las redes sociales? Porque aquí lo«bueno» y lo «malo» se determina por el número de gustos y opiniones, y estopuede transformar, o está transformandoya, el nuevo mundo del arte en un capitalismo depredador. 

 ¿Сuáles son los desafíos del arte? Hoy el día cualquier galería moderna se está convirtiendo en unainstitución de cambio social: la mayoría de laspersonas, cuando van a una exposición, comienzan a aprender algo; aveces se vuelven más comprensivas y tolerantes con ciertos aspectos de la viday de la sociedad, y comienzan a pensar más profundamente. Los ponentes deldebate coinciden en que el propósito decualquier industria cultural es un diálogo, un intento de invitar a la persona adiscutir al menos consigo misma. 

Valery Pecheykin: «El objetivo más altopara mí es cuando el espectador de nuestro teatro, después de larepresentación, piensa en su significado y descubrepara sí mismo algunos preceptos moraleshumanos». 

No hay criterios puros y generalmente aceptados para laselección del arte contemporáneo, pero su principal marcador es lainternacionalidad, afirma Pecheykin. «Siun objeto de arte ha sido traducido a otro idioma, esto significa que elartista ha logrado hacer algo para personas no solo de su cultura sino tambiénde otra». Sin embargo, Belov señala que «lo que es relevante en Moscú no tienepor qué ser relevante en absoluto en otro lugar». 

¿Es necesaria la provocación en el artey dónde están los límites de la permisibilidad? A la pregunta de si el escándalo es una parte importantedel arte moderno, Anna Silyunas cita el ejemplodel artista Alexander Brener, quien en 1997 obtuvo amplia notoriedad después de dibujar un signo de dólar sobre la pinturaoriginal «Suprematismo» de Casimir Malevich.Fue su tentativa para llamar la atención sobre el problema de la especulaciónen el arte contemporáneo: Malevich murió en la pobreza aunque sus cuadros fueronvendidos por marchantes de arte por mucho dinero.

Entonces, ¿es necesario elescándalo en el arte moderno? Chamo Sandice que la provocación, aunque no es un acto artístico en sí mismo, es valoradaen el mercado. Recordemos cómo Maurizio Cattelan pegó un plátano sobre un murocomo una nueva instalación. Fue comprado por $120,000. 

Otros ponentescoincidieron en que la provocación en el arte suele ir acompañada de un contexto económico: losartistas que utilizan la provocación pueden obtener una monetización instantánea, y es por eso que a losartistas foráneos les es más difícil entraren el mercado. 

Carlos Duran: «El artistaprovocador y el artista que realmente provoca cambios en la sociedad son diferentes. Para el segundo es másdifícil entrar en el mercado, porque elmercado necesita monetización instantánea, dinero instantáneo». 

El arte contemporáneo siempre está probandolos límites de lo aceptable, dice Anton Belov. Por ejemplo, Damien Hirs en sufamosa obra «Madre e hijo separados» representa partes de una vaca y un ternerocolocados en acuarios separados con formaldehído. No se trata de unaprovocación, según Belov, sino de investigación, incluyendola exploración de límites aceptables en el arte moderno. 

¿Cómo podemos entender qué es el«verdadero» arte? Solo el tiempo fijará el valor de losobjetos de arte moderno, según los ponentes. El arte clásico, en el momento desu creación, era moderno y revolucionario —nos recuerda Anton Belov—. Mucho de lo que entendemos ahora comoarte contemporáneo no lo es, y será mucho el que no ocupará un lugar en la historia. 

Pero no podemos encontraruna «vacuna» contra «mal arte», por lo que se utilizará la censura y tendremos una división ciega entre lo «malo» y lo «bueno».Solo es importante recordar que el propósito de cualquier arte es «mantenernoshumanos», despertar no solo emociones y sentimientos, sino tambiénpensamientos. 

Anna Silyunas resumió los resultados de la discusión, araíz de la cual los participantes llegaron a una opinión común: a pesar de quecada vez más se adueña del mundo el progreso tecnológico con su robotización ydigitalización, es el arte, como hilo conductor de Ariadne, lo que podrá llevara la humanidad hacia el futuro, donde habrá más espacio para la creatividad, labelleza y la armonía. "Es el arte lo que permite que una persona sigasiendo humana; es el arte lo que distingue a una persona de un ciber".

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