Diálogo sin palabras: Mijaíl Glinka y España

La música es una de las formas más increíbles de viajar y experimentar la cultura de otro país desde la comodidad de tu hogar, sin saber el idioma y sin necesidad de un traductor. En la serie de artículos "Diálogo sin palabras" descubriréis a España junto a los grandes compositores rusos, amantes y conocedores de la cultura de la Península Ibérica.

En la música folclórica española triunfa la alegría de la sencillez y de la incorruptible camaradería. Con mis amigos españoles nos parecemos teniendo una especial “sensibilidad a la tonalidad de la mayor”, – Mijaíl Glinka.

Mijaíl Glinka: “Los españoles me recuerdan a mis buenos compatriotas. Y las melodías españolas son muy similares a las rusas. En la música folclórica española triunfa la alegría de la sencillez y de la incorruptible camaradería. Con mis amigos españoles nos parecemos teniendo una especial “sensibilidad a la tonalidad de la mayor”.

En la segunda mitad del siglo XIX, el tema español conquistó el corazón de la sociedad rusa con la imagen de una joven y apasionada gitana de la ópera Carmen, estrenada en 1875 por el gran compositor francés Georges Bizet. Pero, quizás, no todos recordarán que 30 años antes de Bizet, Mijaíl Glinka ya nos hizo descubrir a España, tan amada por el fundador de la música clásica rusa.

A principios del siglo XIX, el viaje musical a un país “exótico” se convirtió en el género más popular en la música rusa. Y el primer compositor que recurrió a este género fue Mijaíl Glinka, que realizó un largo viaje por su querida soleada España.

El objetivo de este viaje de dos años - de 1845 a 1847 - fue, sin duda, la música, aunque Glinka viajaba no solo para encontrar inspiración en el trabajo, sino también en búsqueda de la paz y el descanso.

Si hace 176 años hubiéramos estado en la Península Ibérica, en un país que se encuentra entre Europa y África, sin duda cualquiera nos encontraríamos a Mijaíl Glinka disfrutando del viaje entre las valles verdes y las montañas de color ceniza. También encontraríamos al "padre del sinfonismo ruso" hablando con payeses, artesanos, gitanos e hidalgos, memorizando melodías españolas. Y a última hora de la tarde, bajo la luz de la luna, nos encontraríamos al gran compositor ruso en la ciudad de Granada, donde suenan las guitarras y sincopan las castañuelas. Aquí Mijaíl Glinka conoció a Don Francisco Bueno y Moreno que se convirtió en un auténtico guía del compositor ruso en el mundo musical de Granada. Don Francisco le abrió a Glinka el mundo de las bellas granadinas y le introdujo en la auténtica música andaluza, interpretada por el mejor guitarrista granadino llamado Murciano. ¡Sí, Glinka conoció el país de Don Quijote como un verdadero héroe romántico!

Mijaíl Glinka: “En España, el sol es más cálido y la gente es incomparablemente más acogedora. Me siento tan bien en España, parecería que hubiera nacido aquí. En España encontré dos condiciones necesarias para mi bienestar: primero, nadie interfiere en mis asuntos; en segundo lugar, aquí hace calor y hay mucha luz… Aquí mi alma descansa de todas mis tristes aventuras… Tal vez este es el último oasis de mi vida. Paso horas enteras sin darme cuenta en pensamiento ligero y alegre…”

El Camino de Santiago

Pocas personas saben que Glinka entró en España por el Camino de Santiago, el camino de los peregrinos, desde la antigüedad conocido por todo el mundo cristiano (es muy simbólico que la primera guía de viajes por Europa apareció precisamente en conexión con el Camino de Santiago; y también el hecho de que paralelamente con el viaje de Glinka en 1845 apareció la primera guía detallada de España, escrita por el inglés Richard Ford).

Por el mismo camino en el verano de 1847 el famoso compositor abandonó los Pirineos. España no defraudó las esperanzas de Glinka. Este país resultó ser una valiosa fuente de inspiración, nuevas ideas y logros para él. Glinka se fue con muchos temas españoles: bailes, “Las Mollares” y “Jaleo de Jerez”. Toda su herencia musical aún no está explorada.

Pero el principal resultado de este viaje fueron dos brillantes oberturas españolas: “Jota aragonesa” (1845), un maravilloso capriccio sobre el tema homónimo, y "Noche en Madrid" (en la primera edición "Memorias de Castilla", 1848).

Aquellos que conocen ambas oberturas pueden confirmar que esta música no es solo una obra maestra de habilidad compositiva (tanto en la asombrosa belleza de las melodías como en la riqueza de la instrumentación), es una especie de fenómeno. Ya que fue en esta música, donde los temas folclóricos españoles refractados a través del prisma del genio creativo de Glinka, se convirtieron en el mayor ejemplo de la cultura artística rusa.


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